lunes, 3 de noviembre de 2014

El fútbol sigue a la cabeza de las estadísticas deportivas (¿para siempre?)



Echando un vistazo al Cuadro Resumen de Estadísticas Deportivas del año 2013 emitido por el Ministerio de Cultura y Deporte, me llamó especial atención el cuadro de fichas federativas a nivel nacional en cada una de las disciplinas deportivas de nuestro país.
Lo primero que puede decirse es que 3.498.848 es una cifra nada desdeñable, pero los problemas después. De ese total, el podio lo ocupan tres deportes de los cuales uno podría sorprender a cualquier lector: Fútbol con 869.320 (24,8%), baloncesto con 407.728 (11,6%) y la caza con 369.895 (10,5%).
La primera observación que podemos hacer de estos números es que el primer deporte supera en fichas al siguiente por más del doble, cosa preocupante que lleva a plantearse si en verdad nuestra cultura deportiva se orienta a la variedad. En segundo lugar, resulta chocante que el tercer deporte en fichas sea la caza cuando otros deportes colectivos como el rugby o el balonmano, más populares entre las aficiones, cuentan con 24.849 y 95.736 fichas respectivamente. Y más chocante es el hecho de que estos deportes ni siquiera ocupan las plazas siguientes en la clasificación, ya que por delante tenemos disciplinas como la montaña y escalada (155.940), golf (313.828) y tenis (103.898).
Tras echar un vistazo a lo más alto, vayamos ahora a lo más bajo. Los deportes con menos fichas son: Pentatlón Moderno con 212 (0,006%), motonáutica con 508 (0,014%) y el Polo con 537 (0,015%). En estos casos, la escasez de fichas es más comprensible: el Pentatlón es una prueba de gran exigencia física que requiere preparación especial, mientras que disciplinas como la motonáutica y el polo requieren un gran gasto de mantenimiento y son actividades propias de clases adineradas.
La reflexión que puede sacarse de todo esto es que el fútbol sigue contando con demasiado margen respecto de otras disciplinas, eso hace que la evolución de las mismas se vea mermada, ya que la popularidad del fútbol hace que los dineros de inversiones y proyectos deportivos se sigan invirtiendo en sus infraestructuras y actividades, rezagando un poco cada año el progreso del resto. El multideporte de nuestro país lo es, pero muy cogido con pinzas, donde la facilidad de medios para competir en distintas disciplinas es muy relativa según a lo que cada cual quiera dedicarse. Esperanzadoramente, hay que creer que un día las cifras estarán más equilibradas, ya que un deporte igualitario en una sociedad equivale a una sociedad multicultural más abierta.

De idiotas va la cosa

Todo comienza con las palabras. Las palabras son y siempre serán la primera piedra del pensamiento humano. Occidente se ha construido sobre ideas que fueron palabras, y palabras que luego fueron realidades. Cualquier palabra tiene un origen, un punto de partida, como una historia, como una vida. Y es ahí donde comenzaremos nuestro viaje, estudiando el origen de una palabra: idiota.
Para ello viajaremos muy atrás en el tiempo, a Grecia, al siglo V a. C. Una y otra vez volveremos a esta época cuando hablemos de palabras ya que, a fin de cuentas, la Antigua Grecia es la cuna de nuestra civilización, y junto con Roma, la fuente de la mayoría de palabras de las lenguas modernas. Por aquel entonces, Atenas era una ciudad estado dividida, empobrecida y en constante conflicto que acababa de concebir la idea más revolucionaria de todas las jamás elaboradas hasta el momento: la democracia.

Pericles ante la asamblea democrática

Interesante idea, ¿no creen? Pero poniendo los pies en el suelo, tanto ustedes como yo sabemos que este primer modelo de democracia era algo que debía ser cogido con pinzas. En Atenas, solo estaban llamados a participar de la democracia aquellos considerados como ciudadanos de pleno derecho, que por aquel entonces suponían un 10% de la población.
Bien, considerando todo esto, es importante que nos centremos en el tema que nos ocupa hoy. La palabra idiota, en lo que a su significado y forma moderna se refiere, aparece alrededor del 1300 d.C. procedente del término francés idiote que significa "persona ignorante o sin educación". Si retrocedemos un poco más, vemos que existe una palabra latina que se refiere únicamente a una persona corriente, significado que dista bastante del actual.
Sin embargo, al alcanzar las más profundas raíces de la palabra, al retroceder a esa Atenas del siglo V a. C., vemos que idiota tiene su origen en el griego clásico ἰδιώτης (idiōtēs), este era un término generalmente utilizado para referirse al ciudadano privado y egoísta que no se preocupaba de los asuntos públicos y no ejercía su derecho al voto.
Invita a la reflexión, ¿no creen? Aunque en los tiempos modernos el voto parece haberse desvirtuado dada su universalidad, este sigue siendo un tremendo poder que se ha legado al pueblo para establecer y rechazar gobernantes, para decidir sobre su futuro y sobre el futuro de los suyos. Por entonces, el voto era algo exclusivo, un privilegio dado a muy pocos, de ahí que no aprovecharlo fuese considerado un deshonor. Y es que, si se tiene en cuenta su significado más allá de la propia palabra, no votar parece de idiotas, ¿no?